domingo, 31 de enero de 2010



Mates domingueros con peperina, mi especialidad. Es una tradición que une personas a veces conocidas a veces no. Y más hermoso es el mate en un domingo lluvioso como el de hoy. Frescura. Soledades. Momentos. Imágenes que hablan sin voz y un cielo de nieve gris casi triste. Un cielo que llora lágrimas celestes, mojadas de magia. Y su sonido estrellándose en mi ventana siempre me trae recuerdos no tan olvidados, no tan pisados. Historias de amor en sábanas. De repente me canta canciones con tu nombre, contándome que sabores hubiesen tenido los besos. Y yo quería una casita en el árbol para vivir con vos y estar más cerca de la lluvia, mojarme los pies de vez en cuando, chapotear, jugar a que somos. Una lluvia del alma en un domingo inundado de silencios irrompibles. Y la lluvia me dicta versos, historias, besos, engaños, olvidos de las que fue testigo. Es mi musa bailarina. Y esta humedad mojada que me trae la brisa me regala locuras, delirios, desvaríos, sensaciones que a veces te acuchillan el alma pero otras te la acarician con la pluma del amor. Y si te busco y si te encuentro o no, no me culpes. Y si te pienso y si te extraño tampoco. Y en este domingo lluvioso se dibuja la melancolía y tu presencia ausente me tortura. Ay! Cuanto quiero que me cebes mates todas las tardes frías de invierno y que me digas palabras dulces llenas de cosquillas al oído. Amor, cebame un mate…

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¿a ver que me trae el viento?